En este trabajo, los investigadores han abordado la posible implicación funcional del receptor leucocitario CD69 en el control de la respuesta inmune durante la evolución de las enfermedades inflamatorias autoinmunes. Para ello, se ha estudiado el papel fisiológico de CD69 en un modelo animal de artritis reumatoide. Se ha encontrado que la deficiencia en CD69 conlleva una mayor inflamación en el modelo de artritis inducida por colágeno, correlacionando con una mayor respuesta autoinmune. Para desentrañar el mecanismo por el que actúa CD69 como molécula inmunoreguladora, se han analizado las citoquinas que medían dicha respuesta inflamatoria exacerbada. Se ha encontrado en los ratones deficientes para CD69 una disminución de los niveles de la citoquina anti-inflamatoria TGF-beta y un aumento en los de las citoquinas pro-inflamatorias de manera local en las extremidades. El tratamiento de ratones wild type (WT) con anti-TGF-beta bloqueante produce el mismo fenotipo de aumento de inflamación y de citoquinas pro-inflamatorias que el observado en el animal deficiente para CD69, sugiriendo la inter-dependencia del efecto pro-inflamatorio de la deficiencia de CD69 y la inhibición de TGF-beta.
Finalmente, se ha demostrado que CD69 es capaz de regular la producción de TGF-beta, estableciendo una conexión directa que explica como CD69 ejerce su papel inmunoregulador en la respuesta inflamatoria.
Actualmente, se está investigando si la modulación de CD69 con anticuerpos monoclonales específicos es útil para controlar la respuesta inmune y mejorar así la evolución de las enfermedades autoinmunes.
La presencia de estenosis carotídea (EC) en pacientes con infarto lacunar (IL) es usualmente considerada como indicador de arteriosclerosis y no directamente relacionada con el desarrollo de este subtipo de infarto cerebral. Este estudio fue diseñado para determinar la relación entre EC e IL y fijar las diferencias entre IL aislado y múltiple.
Se seleccionaron 330 pacientes con un primer episodio clínico de infarto cerebral en territorio carotídeo, clasificándolos en dos grupos: Infarto Lacunar (IL) y no Lacunar (INL). El primero se subdividió entre IL aislado e IL múltiple, en el cual, a su vez, se identificaron dos patrones: uno con los IL distribuidos en ambos hemisferios y otro con lesiones predominantemente en uno de los hemisferios.
En el grupo de IL, la EC era más frecuente en el lado homolateral que en el contralateral (p>0,03). Se observó una relación significativa entre el patrón de distribución de infarto en un hemisferio y EC>70% homolateral (p<0,003). En el análisis multivariante, las siguientes variables se hallaron como predoctores de IL múltiple: EC >75% homolateral e hipertrofia ventricular izquierda.
La significativa presencia de EC ipsilateral en pacientes con IL localizados en el territorio de la arteria carótida y la relación de EC con IL múltiple sugiere que EC tiene un papel muy importante en el desarrollo de IL.
Este trabajo, por tanto, demuestra que el infarto lacunar puede tener origen también en estenosis carotídeas y deberse a mecanismos embólicos desde la placa de ateroma. Esta posibilidad ha ido siendo aceptada tras esta aportación y alguna otra posterior, lo que podría tener implicaciones terapéuticas en cuanto a la indicación de endarterectomía o angioplastia en este grupo de pacientes. Y por otra parte, aporta datos para una hipótesis que explicara el mecanismo por el cual la EC podría contribuir a un deterioro cognitivo asociado a IL.